La gente opta por convertir todo lo sublime en algo banal, lo utilizan para adornar puertas y ventanas, monigotes y muñecos. Yo creo que lo sublime es siempre sublime ocurra las veces que ocurra.

Cosmo es el nuevo farero. No sé cómo ha logrado ese puesto de trabajo, porque ni tiene conocimientos ni lo necesita. Es inquietante. Aun hace vibrar mis sueños con fuerza hasta que siento el “kick” y me despierto. Le he visto en mi duermevela. En cierta ocasión soñé que hacíamos el amor delante de un espejo. Estábamos enfrentados a él. Sus manos sujetaban las mías sobre mi vientre. Parecían dos mariposas encadenadas a un collar de pálidos huesos. El espejo devuelve la imagen de dos siluetas vacías. La luz que se refleja en la superficie de cristal atraviesa las figuras. Es difícil reconocer lo que no tiene esencia. A veces para quedarse desnudo uno debe arrancarse la piel.

Las palabras no pueden ir más lejos que los sentimientos.

Sólo hay una noche al año en la que se puede hacer esto. Y la aproveché: entré en él y la besé con locura.

Mi habitación tiene la terraza encarada a levante. Y esta noche he dormido con la ventana abierta y sin echar las cortinas. Me dormí con el sonido de las olas que rompen al fondo del acantilado. Y me he despertado con las primeras luces del día. Había quedado con Iván. Nos íbamos a desayunar al chiringuito de un amigo suyo, situado en una cala escondida de esta Costa Atormentada, que también tiene un bar en el pueblo que llevan sus padres. El chiringuito parece un personaje más de la cala: el amigo de Iván se pasa el día sentado en una silla, leyendo. La gente que se acerca a buscar un refresco, o una bolsa de patatas, pasa detrás de la barra, abre la nevera y lo coge. Y paga. Y si las existencias bajan, avisan y el amigo de Iván se da por avisado. Nunca ha descuadrado la caja. Y nunca ha faltado nada de lo que han avisado los clientes-camareros. Sólo se levanta a preparar cafés, porque la cafetera sólo la toca él.

Iván me ha enseñado las siete canciones que lleva escritas. Me ha pedido que traduzca dos de ellas al inglés, para enviarlas a una discográfica sueca que ha contactado con su banda.

Después de desayunar, nos hemos tumbado al sol. Hemos leído, hemos charlado, nos hemos reído. Luego nos hemos tumbado a la sombra hasta la hora de comer. Nos hemos ido al bar de los padres de su amigo, a comer. Y luego me ha llevado a dar una vuelta por la isla hasta otra cala, donde hemos pasado la tarde. Me ha dicho que me quedara a cenar en su casa, que improvisaría con lo que hubiera en la nevera. Durante la cena he viajado por medio mundo, escuchando las anécdotas de sus viajes. Y hemos salido al jardín, a tumbarnos en las tumbonas, a mirar el cielo de noche, y a tomarnos unas cervezas. Las cosas que nos contábamos nos hacían reir con las risas más ligeras del día. Temí por un momento que, si seguía bebiendo, la ingravidez en la que parecía sumirme haría que la menor brisa se me llevara flotando. Se lo dije a Iván y me respondió que a su inspiración le debió suceder algo parecido y que le escondería el alcohol y hablaría muy seriamente con ella. Me hizo reir otra vez. Sentí lo que he sentido muy pocas veces: que encajaba en ese momento y en ese lugar. Como la incógnita que resuelve una ecuación.

EXTERIOR DÍA. PRIMERÍSIMO PRIMER PLANO SUBJETIVO, PICADO: mis pies andando al filo del acantilado: 50% mar chocando contra las olas abajo a la izquierda y 50% matorrales y piedras a la derecha.

INTERIOR NOCHE. PRIMER PLANO DESENFOCADO: Pisadas y pies de chocolate escurriéndose en un suelo de baldosa blanca.

VOZ EN OFF DE MARTINA: *carcajadas* ¡La verdad! ¡La verdad! La verdad es que… ¡ya te conocía!

EXTERIOR NOCHE. BARRIDO PANORÁMICO DE ARRIBA A ABAJO: desde el faro a contra luz de luna (llena) hasta los peces de luz que dibuja su reflejo en el agua.

VOZ EN OFF DE CLARA: “No creo que sea esta historia la que buscas, pero es la única que puedo ofrecerte. >>>FFW>>> Desde la playa veíamos sus siluetas forcejeando con una enorme luna detrás. >>>>FFW>>>> A veces, el cuerpo va solo. “

EXTERIOR NOCHE. PLANO SUBJETIVO: Martina se desliza haciendo “eses” entre los dispares roles de tela (ropa) de los habitantes del Melancoisla, tendidos en la azotea. El aire al fondo dibuja en una de las telas la silueta de lo que parece una persona deslizándose por detrás.

Congelo la imagen.

Me obsesiona esa toma. Parezco el prota de Blow Up. Me olvido del montaje del documental cuando llaman a la puerta como si el primer golpe hiciera caer un gran trozo de mi concentración al teclado, plof. Es la Montforte. Cuando llegué al hotel, sobre las 12’30 del mediodía, Roger me dijo que ella estaba “misteriosamente ilocalizable” y le dejé una nota.

“Estimada Montforte. He vuelto. Le invito a mi habitación para celebrar 3 cosas: que conseguí el dinero, que el documental ya tiene primeras tomas y que sea usted tan maja por guardarme la 212 después de tantos meses de ausencia.”

Esta mañana he visto este cartel pegado en la puerta de un bar:

“Fuí a la playa a escribir y leer, en el mismo lugar en que estábamos el mes pasado, para encontrarte allí. Voy a estar hoy a las 12:30. Te quiero.”

Algo pérfido y retorcido se revuelve en mí. No sé quienes sois, pero voy a ir a reventar ese encuentro.

Sigue mi recuerdo vivo? 

No puedo evitar entretenerme en todas y cada una de las sábanas que Clara y Anais se empeñan en doblar perfectas. Imposible la perfección en este caso, ya me encargo yo de ello. 

El hotel se llena de pistas y hay alguien que cada vez esta más en mi lado que en el de los mortales.

Escalofríos en la nuca, gotas de sangre en una de las habitaciones, tratos oscuros cerrados a Media Noche, manos que tiemblan, líquido derramado al lado de una de las camas.

Alguien me presiente con más fuerza últimamente, eso hace que casi deje de ser transparente.

 

Soy nefasta tomando decisiones. Me cuesta mucho tomarlas. Las pienso mucho, las medito hasta aburrir. Pros y contras: los pongo en la balanza y veo hacia dónde se inclina. Y en función de eso tengo que decidir. Y no me gusta, porque creo que las consecuencias de lo que decida irán justo al lado contrario del que se inclinaba la balanza en mi pensamiento. Y me sentiré mal. Pero la vida está llena de decisiones, y hay que tomarlas a cada momento, unas más trascendentes que otras, unas más triviales que otras. Prefiero mil veces más que, en según qué encrucijadas, me cojan una mano y me lleven. Y si además de cogerme una mano, con la otra en mi cuello me acercan a las mismísimas puertas del cielo… “Deja de pensar”, me digo. Y no hace falta repetírmelo dos veces: desconecto el cerebro y mis sentidos se abren y me dejo llevar. Seguramente no me podía morir sin probar esto. “Deja de pensar, por favor, deja de pensar…”

Intento olvidar a Elena Trueno con la misma insistencia que las olas del mar llegan a la orilla. Huyo con Brunella en su moto, que me lleva hasta el pueblo. Tomás nos sirve las mejores patatas bravas de la isla y hablamos hasta el anochecer. Brunella me cuenta historias que yo creo. Y eso es lo que necesito: creer. Brunella aún es una desconocida para mí, sigo viéndola de perfil. Por más que intento dar vueltas a su alrededor no consigo situarme frente a ella.

Con la llegada del verano vuelven los clientes fijos al Hotel. Pero Anais sigue aquí desde hace mucho tiempo. Ayer la vi triste y la invité a comer pasta. Es el primer paso para quitar las penas. Luego le pedí que me ayudara a doblar unas sábanas. Es el segundo paso. Doblar sábanas con alguien es un momento formidable. Hacer coincidir las puntas, un pacto con olor a suavizante.

  • Nietzsche escribió: “Cuando miras mucho tiempo un abismo, el abismo también te mira”. Y no me gusta sentirme observada. Por eso vine. No para olvidar, o tener tiempo para pensar antes de tomar una decisión crucial. Vine escapando de la mirada del abismo. Ahora, en lugar de abismos, me paso  las tardes mirando este cielo. Y sé que sabe que lo miro. Acostumbra a pasar a última hora de la tarde, con el sol a punto de caerse al mar. Se ruboriza con la gama de rojos más bonita que he visto.No me he encontrado aún con la persona que venía a ver. Escribe canciones y está en pleno proceso. Me sabe mal insistir, pero me encantaría verle escribir, y que, de vez en cuando, me preguntara por una rima, o “¿qué te parece esto?”, y me recitara unos versos, mientras miro el cielo tumbada en su jardín.Me quedo en esta terraza del pueblo y me tomaré algo hasta que se haga de noche. El cielo de noche tiene el mismo color que el abismo. Luego me pasaré por el bar del hotel.

Córtame el pelo -le dije a Corso a la orilla de la playa desierta de nuestra piscina-, recórtame la nuca con tu navaja. Desliza la afilada hoja arriba y abajo, brillante como una joya por mi cuello, ras, ras, con ese sonido de dulce desgarro, déjame el pelo como a un chico travieso, que los bucles dorados conformen una alfombra que la brisa marina amenace con llevarse. Que tus manos muevan y coloquen mi cabeza así y asá, como un dócil maniquí. ¿bajo la barbilla? Luego te invitaré a una margarita bien fría de las que prepara Martina. Quiero mi cuello despejado, la mente clara, los brazos cálidos y las piernas firmes. Porque un prodigio se acerca y hay que estar preparados.

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