Sospecho lo peor aunque no tengo ningún indicio. No deseo huír esta vez, ahora no. Lo he vuelto a echar todo a perder, justo cuando estaba empezando a hacerme un hueco en esta tierra.

Necesito salir, saber qué está pasando y porqué me obsesiona tanto Clara Monforte.

Cada día hago peor cara… cada día que pasa me siento más débil y más hastiada.

Si aún me importara alguien, me importarías tú.

Si sintiera la necesidad de entender, me preguntaría cómo es posible que no se hayan dado cuenta.

Si quisiera razonar, compararía las distintas preocupaciones que tienen diferentes generaciones, e intentaría saber qué hace que las nuevas ni siquiera miren a su alrededor.

Si pudiera preocuparme, me centraría en por qué aún no estoy de vuelta y cuál es la nueva misión que tengo asignada antes de desaparecer.

Pero nada de eso importa demasiado. Y yo sólo sigo vagando, no detectado, no revelado, y sabiendo que son esos mismos ojos los que me acompañarán… Siempre?

clara-monforte

No fue un espejismo. Toda la isla palideció:  el suave manto de hielo y nieve cubrió los campos, los tractores, las playas, las hamacas, las carreteras, las señales de tráfico, los semáforos, los tejados de las casas, los sillines de las motos, los cascos que los motoristas dejan atados a las motos, el capó de los coches, las aceras, las cloacas, los columpios, los bancos de los parques, las copas de los árboles, los toldos, las mesas de las terrazas, las sillas de los balcones  y las vías del tren, si las hubiera. Pero no era el caso. El caso es que la isla era un enorme helado de sabores.

- Clara, ¿qué dientes te duelen? Señálamelos con la lengua -dijo el dentista.

Maldita Elena Trueno. Tras la pasión, me cegó el blanco abismal de la nieve, blanco desierto y sin marcas a las que agarrarse, sin apenas huellas, con todo enterrado bajo sí. Salí de la habitación y el camino marcado por un hilo de color rojo me llevó hasta las escaleras que bajan a la playa, donde estaba Corso con Anais en sus brazos. Me pareció ver a Martina en el pasillo, frente a la habitación de Zoe, llorando.

- Clara, ya puedes cerrar la boca. No veo nada, tienes unadentadura perfecta.

El dentista no encontró nada.

Los colmillos me rasgan los labios por las noches, es como si crecieran con la marea. Aún no  le he explicado a nadie lo que me pasa.

Tras una semana de fiebre, todos creen que estoy pasando la gripe.

Todo iba mal. La vista se me había nublado de tal forma, que no encontraba el camino de vuelta. Y en un par de segundos… plas. Ya no tenía las manos heladas, y tus ojos me esperaban a este lado.

De un tiempo a esta parte, sirvo las mejores copas del país. Todos te miran cuando sonríes. Eres la isla bonita de un mal lunes… Y estás aquí conmigo, dentro de la barra, encendiéndome cigarrillos. Tienes los ojos más vivos y la boca más roja.

Zoe, vamos a cerrar temprano… Que se vayan todos. Robemos una botella de vodka y vayamos a la playa a bailar.

Quien calla, otorga.

Quien otorga, concede.

Quien concede,  satisface.

Quien satisface, a veces, enoja.

Quien a veces enoja y lo convierte en rutina, al final es abandonado.

 

anais A mi padre:

No hay personas tan vacías como las que están llenas de sí

A V.:

Ya no te conozco, no sé quien eres

zoeibiskuquizás sea el momento de dejar de tener miedo

quizás tenga que dejarte entrar

y besarte despacito… o mejor bésame despacito, que me maree un poco y se mueva la isla

y ya no hará falta tener fiebre, aunque la tengamos…

igual necesito que me devuelvas la magia…

corso
Clara: Nos ha cogido el silencio como si viento fuera. Se han posado sobre nosotros, los pájaros del alma. Andamos sin abrir las ventanas del rostro: le pas du chat noir, de tout ton coeur

anais He entrado en el despacho de Clara a cogerle las llaves de la vespa. Sé que podría pedírsela pero me apetece portarme mal. Hurgando en un cajón encontré lo que buscaba y también lo que no esperaba: una pequeña y medio oxidada llave hueca, como la que mi bisabuela decía que, si se ponía en los ojos, curaba los orzuelos. ¿Qué abrirá? Lo ignoro, pero de momento me la echo al bolsillo y salgo rauda. Ahora me marcho. Luego intentaré hallar la cerradura apropiada, la que oculta y esconde oscuros secretos de no sé bien quién.

fantasmaEsta noche, no te asustes si al mirarte en el espejo descubres una cara que parece ser la tuya, pero tú sabes en lo más profundo que no lo es.

No te asustes si al abrir el armario, descubres toda una colección de trajes de hace dos siglos y encima te das cuenta de que te gustan.

No te asustes si al tratar de tocar a tu alma gemela, la mano traspasa la piel de la persona amada como si esta estuviera hecha de éter.

Si oyes susurros en la oscuridad, si se cruzan sonrisas torcidas por los rincones, si luces sigilosas aparecen por doquier.

Porque esta Noche

Todos los que Fueron

Son Todos los que Están.

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