me pregunto qué corriente diabólica de aire se coló en nuestras cabezas como para dejarnos así, tiradas en un suelo que parecía de tierra, de agua, de puro barro ancestral… la imagen a una velocidad tremenda, se repite noche tras noche:
tienes la piel oscura, y muerdes incisiva con los ojos y la boca.
entre tanto rasgón de piel y rugido violento, aprendimos a lamernos las heridas (y el chocolate).


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