Tenía que vérmelas conmigo. Pararme frente a todos, aquí, era vérmelas conmigo; despersonalizarme de esta manera: nahuamente, verdemente, porque el agua amarga tiene que ser verde y caliente el corazón de la isla que llevamos todos dentro.

“¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde…?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.”