Intento olvidar a Elena Trueno con la misma insistencia que las olas del mar llegan a la orilla. Huyo con Brunella en su moto, que me lleva hasta el pueblo. Tomás nos sirve las mejores patatas bravas de la isla y hablamos hasta el anochecer. Brunella me cuenta historias que yo creo. Y eso es lo que necesito: creer. Brunella aún es una desconocida para mí, sigo viéndola de perfil. Por más que intento dar vueltas a su alrededor no consigo situarme frente a ella.

Con la llegada del verano vuelven los clientes fijos al Hotel. Pero Anais sigue aquí desde hace mucho tiempo. Ayer la vi triste y la invité a comer pasta. Es el primer paso para quitar las penas. Luego le pedí que me ayudara a doblar unas sábanas. Es el segundo paso. Doblar sábanas con alguien es un momento formidable. Hacer coincidir las puntas, un pacto con olor a suavizante.