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alicia (Carta hallada encima de la cama de la habitación de Alicia Daus)

Apreciada Clara Monforte,

Me veo obligada a dejar su hotel de una forma tan brusca como incorrecta. Lo siento, nunca ha sido mi estilo hacer las cosas de este modo, créame. Le dejo en el segundo cajón del armario un sobre con la cantidad convenida a mi llegada, restando el adelanto que le ingresé al reservar la habitación.

No tengo ningún tipo de queja sobre su hotel, muy al contrario, me parece un lugar muy especial y lleno de personal agradable. Ojalá me hubiera podido quedar más tiempo aquí pero las circunstancias…

Creo que jamás podré olvidar estas playas, este mar y el azul que impregna cada rincón del hotel. Gracias por el  tiempo precioso que hemos compartido en este lugar.

Hasta siempre, Srta. Monforte.

PS.: Por favor, le ruego que no intente contactar conmigo por teléfono. Todo está bien pero no puedo darle más explicaciones. Una vez más, gracias por todo.

aliciaAhora lo sé. Su cara, su voz, todo en ella me resultaba demasiado familiar… Veinte años es mucho tiempo pero hay gestos y frases que no se pueden olvidar.

La Srta. Trueno fue mi profesora de griego en el instituto durante la baja de la directora Hernández. Aquel curso, la llegada del verano… ¿cómo olvidarlo? Y sus cigarrillos ingleses… Ella los colaba entre mis libros de matemáticas, “para que te alegres las horas de estudio de mates”, me decía.

Imposible olvidar mi primer amor.

Imposible olvidarla a ella. Y a sus besos.

Tan sólo un curso. Después, la vergüenza, los reproches, los insultos de las compañeras y de los profesores… Y ella tan digna y tan elegante siempre. Ni una mala palabra salió de su boca.

Jamás volvimos a vernos.

Siento que me ahogo… me falta el aire… tengo que marchar de aquí… o volver a verla…

aliciaM., M., M. Mercedes, Mercedes. Tu nombre aquí y ahora. Me arrepiento de esa carta. De mi amor y de tu desprecio. No quiero pensar más en ti. Nunca.

Creo que la mujer de la habitación de al lado se trae algo entre manos, me mira raro, siento miedo cuando me la cruzo. Es mayor pero bellísima. ¿Pero qué estoy diciendo?

Voy a llamar a mi madre… le gustará saber algo de mí.

Querida M.,

aliciaAcabo de llegar al Hotel Melancoisla, con algo de retraso pero ya te dije que el mar estaba bastante revuelto. Sé que estoy incumpliendo la primera de las normas que nos impusimos: no escribirnos ninguna carta, pero ya sabes que lo mío nunca fue respetar las normas. Además, el hecho de que te escriba no significa que te vaya a enviar la carta. No creo que el servicio de recogida de cartas sea demasiado regular en este hotel.

No he vuelto a ser la misma tras la operación, ya sé que piensas que exagero pero tengo un presentimiento que espero que no se cumpla.

Ojalá pase pronto este mes y pueda volver a verte, aunque sea espiándote como he hecho estas últimas semanas.

Te abrazo,

Alicia

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