You are currently browsing Mary Barriet’s articles.
¿Sabes tocar el piano?, me ha preguntado esta tarde Anais. Me ha pillado absorta en el ensayo, inmersa en la melodía, creo que tenía ganas de hablar pero yo no tenía hoy uno de mis mejores días.
Ha comenzado a toquetear las teclas, intentando seguir el ritmo pero parecía algo torpe o nerviosa tal vez. Ha sido la primera vez que se me ha acercado tanto desde que estoy aquí.
La noche que la seguí hasta la playa fue como un espejismo. No sabía que fuera a quedarse tanto tiempo en el hotel, pensaba que era uno de esos huéspedes que pernoctan un fin de semana y después se alejan sin dejar huella, supongo que por eso la seguí. Y por eso la besé. Porque no creí que hubiera un compromiso posterior. Me cegó el deseo. Y su belleza.
Esta tarde ha sido demasiado intenso. La he tenido que cortar diciéndole que tenía que trabajar, que me dejara sola. Al segundo me he arrepentido de ser tan brusca pero ella no ha reaccionado mal. Al contrario, me ha dejado la llave de su habitación. Como quien deja una estela de perfume para que alguien lo siga.
Y así me he quedado sola, tocando Easy living, la canción de mi novela favorita, de mi viaje soñado. Me he guardado las llaves en el bolso, sabiendo lo que haría, sin dudarlo ni un solo instante.
Después le he pedido a Martina una botella de cava y un par de copas.
La primera noche no fue tan mal como esperaba, los del hotel se portaron tan bien conmigo que me sentí casi como si estuviera en casa, o en uno de los clubs en los que tocaba hace meses.
Empezó a llover con pereza, como si el cielo se estuviera pensando si fastidiarme o no la noche pero al final tuvo piedad y pude empezar con el repertorio. Creo que gusté, al menos me aplaudieron con ganas. Y en medio de los aplausos la descubrí: con su cara de niña malcriada y unos labios demasiado desafiantes. Dejé de mirarla porque temía que me pusiera nerviosa y para mí el trabajo es lo primero.
Tras la actuación, me tomé una copa (Clara me había invitado, supongo que por cortesía), mas no me demoré demasiado porque seguí a aquella chica. Se había ido antes de que yo terminara de tocar, en dirección a la playa, ajena a todo y a todos. Como si no perteneciera a ese mundo.
No me lo pensé dos veces, me quité la ropa y la sorprendí en el agua, soy una nadadora experta. Al notar mi cuerpo, se asustó pero entonces la miré y la besé. Ella me correspondió. Yo ni siquiera sabía su nombre ni quién era.
Ahora tengo miedo de que Clara se entere de lo que ha pasado y piense que soy una cualquiera que la primera noche ya tiene un lío con una clienta del hotel.
Voy a repasar el número de esta noche…
Clara me ha venido a buscar con su moto al mediodía, disculpándose por llegar con retraso (me decía que en el hotel hay mil cuestiones por resolver y que ella no se puede desdoblar). No me ha importado esperar porque he aprovechado para repasar el repertorio que he estado preparando estos días. No deseaba quedar mal ante ella y, sobre todo, lo que quería era el puesto de trabajo. Necesito dinero con urgencia y el anuncio del hotel tal vez me de la suerte que necesito.
La prueba no ha ido todo lo bien que esperaba, me he puesto nerviosa y se me ha notado porque he me ha parecido escuchar alguna risa ahogada fuera de la habitación. Clara sólo me ha dejado tocar un par de temas y eso que me he empeñado en convencerla de que me había preparado a fondo unos diez o doce. Me ha dicho que mañana me dirá algo sobre el puesto de trabajo, que me puedo quedar a dormir esta noche, no me cobrará nada, hay una habitación que la tienen reservada para estos casos.
No sé si seré capaz de dormir esta noche, me siento muy nerviosa…
