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ottoEste par de días en cama me ha servido para descubrir a dónde van a parar las cucarachas durante el día. Puntualmente me he despertado a las 6, como cuando te levantabas a trabajar, y he visto el agujero por el que desaparecen. Nadie habría dicho que hubiera ningún hueco, parece más bien una fina junta que no lleva a ninguna parte. Por ahí escapó una esta misma mañana.

Ahora que he recuperado la cordura y la integridad física creo que debo bajar a hablar con la señorita Monforte. Tantas casualidades… Creo que ella sabe más de ti que yo debo conocer, quizá tiene idea de dónde estás y eso es algo que necesito saber.

Anoto algo en mi PDA.

ottoLa cena me sentó fatal. No sé si ha sido el cilantro o la visita de la Srta. Monforte a mi cuarto. Ha venido el médico y me ha recomendado reposo y que beba mucha agua. El agua de desaladora me sienta fatal y la del pozo no tiene pinta de ser potable. He perdido el ferry de hoy. Tengo la botella de agua mineral que ha traído la camarera, pero está abierta. No me gusta el servicio en este hotel.

Saco mi PDA y anoto algo.

Sigo sin saber cómo te enteraste de que estaba aquí, ni cómo supiste mi nueva identidad. La nota está escrita a máquina, pero el mechón de pelo es tuyo, desde luego. Tiene ese olor a almizcle, especias y clavel blanco. Y conozco de memoria la dimensión de tus rizos después de haber pasado noches enteras jugando con ellos, mientras dormías.

Clara habló de ti como si fueras un ángel, por lo menos. Ella sólo vio la parte que me enamoró de ti. El resto lo fui asimilando poco a poco como si fuera un caramelo impregnado en droga.

No para de sonar una guitarra…

…me gusta.

ottoEs el primer día que la cena no sabe a cátering recalentado. A decir verdad estaba todo muy sabroso, pero un poco fuerte. No sé qué tal me sentará después del día que he tenido.

Esta mañana bajé a reclamar por lo del sobre. La señora Monforte asentía a todo lo que decía pero tenía la impresión de que no me escuchaba, estaba como absorta en sus pensamientos y no parecía entender la gravedad del problema, aunque tampoco podía explicárselo: Había huido de ti con una identidad falsa y aún así ¡recibo un sobre tuyo abierto y vacío! Por poco monto en cólera.

¿Cómo sabías que estaba aquí? ¡No tenías manera! ¿Dónde está la carta? Empiezo a sospechar que algo en este hotel no es lo que parece. Creo que no es un sitio seguro ni para escapar de mis fantasmas, pero hasta mañana al mediodía no sale el próximo ferry.

El servicio de habitaciones me ha hecho la petaca en la cama. No me lo puedo creer. Estaba evitándolo, pero enciendo la PDA y hago unas anotaciones.

ottoHoy no he salido durante el día de la habitación. La luz del sol entraba como un sólido, he corrido las cortinas. No me gusta cuando el tiempo está más feliz que yo.

Tumbado en la cama pensaba en los últimos días que pasé contigo. Cuando dormías mirando hacia el lado contrario y ya no sentía tu respiración en mis manos. Podía sobrellevarlo, cuando algo lleva muerto tanto tiempo uno empieza a acostumbrarse. Lo peor llegaba al irse la luz. Cuando la penumbra resbalaba por tus hombros y la cara interior de tus muslos, volvía a sentir esa imperiosa necesidad de acariciarte y besarte en el cuello. Pero las ganas se me atascaban en el esófago y seguían acumulándose toda la noche, impidiéndome dormir.

Hace un rato deslizaron una nota bajo la puerta: Sr. Kaplan, tiene correo.

Bajé a recepción. Al verme, la dueña se llevó rápidamente la mano al bolsillo, como si hubiera olvidado las llaves de casa. Le entregué la nota y asintiendo me dio un sobre que estaba en mi casillero.

El nombre del destinatario estaba en blanco, pero en el remite aparecía tu nombre. El sobre estaba rasgado y vacío.

ottoLo bueno o lo malo de las islas como ésta es que puedes ver el mar. Tienes que ver el mar. Da igual a dónde mires, todo es exterior. Y aunque te retires a la habitación sigues escuchando el rumor de las olas.
Ayer paseando por la playa me encontré con un pescador. No sé de dónde salió. Aún no me he adentrado más allá de las rocas. Los escasos habitantes de esta isla tienen un carácter que produce la misma sensación que la bruma marina. Inquietantes y pacíficos a partes iguales. Nos llaman veraneantes. Pero es la primera vez que voy a un hotel en la playa sin sentirme veraneante.
Todos los huéspedes, parecen tener historias apasionantes. Quizá me quede unos días más. Ayer vi al primer huésped de sexo masculino del hotel. Estaba hablando con una mujer en la terraza. No me importó. Me senté en la mesa de al lado y lo desnudé con la mirada. Creo que se dio cuenta. Por un largo rato conseguí creer que me había olvidado de ti.
Anoche, sin embargo, sentí que estabas en la cama a mi lado, abrazándome mientras te quedabas dormido. Espasmo. Era yo mismo quedándome dormido. No sé por qué no cambié la reserva cuando supe que no venías. La cama doble se me hace un mar y por las noches, cuando me desvelo, siento que me ahogo.
Para mañana vuelven a anunciar sol.

ottoSiempre me han encantado estas libretas que hay en algunos hoteles encima de la mesa. Ese lápiz raquítico que, por supuesto, me llevaré cuando me vaya, aunque no exista sacapuntas sobre la faz de la tierra que le sirva. Esas hojas de papel satinado que, cuando escribes sobre ellas, emiten una especie de quejido.

La luz entra a raudales por la ventana y estoy aquí escribiendo (ñiic), no sé si para mí, para ti, o para los dos.

No quería hacerlo, de hecho he dejado todos mis cuadernos, mis papeles sucios, mis bolis en casa para evitar la tentación, pues esto era un viaje de retiro mental. Lo malo de las mentes es que persiguen a uno allá donde vaya.

Es la tercera vez que intento parir un pensamiento coherente desde que llegué a este maravilloso hotel hace apenas unas horas. Las marcas del lápiz que han dejado las hojas anteriores me dan tentaciones de repasar una y otra vez la misma historia que ya te he contado, pero me tienta más seguir los trazos del huésped anterior y escribir una nueva historia mucho más bonita que la que, jamás, me temo, escribiremos juntos.

Me voy a ver el mar.

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